El Monumento Natural de la Peña de Castril

La Peña de Castril esta declarada Monumento Natural, con 955 metros de altura tiene un triple interés: cultural, paisajístico y geológico. El pueblo de Castril nació al cobijo de esta impresionante estructura. La Peña de Castril es un relieve estructural aislado, originado por erosión diferencial.

En la cima de la Peña  se sitúa el Castillo de Castrilespectacular mirador que se encara al altiplano, y por supuesto al propio núcleo urbano de Castril, ofreciendo unas panorámicas paisajísticas de 360º iinigualables La vista hacia el norte abarca los altos relieves de la sierra de Castril, a los que se antepone el grueso muro que conforma la cerrada del embalse del Portillo. Sobre este telón de fondo se sitúa Castril y muy destacable, el edificio del Centro de Visitantes del Parque Natural de la Sierra de Castril.  Hacia el lado opuesto se observa el valle fluvial del río, que discurre hacia el altiplano granadino llenando de frescor vegas y huertas. En el centro del mirador se eleva una imagen de unos tres metros de altura del  Corazón de Jesús, todo un emblema para los castrileños.

El carácter de atalaya natural de la peña ha hecho de ella un enclave estratégico muy codiciado por las distintas civilizaciones que habitaron estos pagos. Su ubicación privilegiada condicionó la construcción del castillo de Castril, en época Almhoade (siglo XIII). Más tarde, en 1490, esta fortaleza fue cedida a Don Hernando de Zafra por los Reyes Católicos como tributo a su participación durante la guerra de Granada.

Desde el punto de vista medio ambiental, la Peña de Castril es un clásico hábitat míxto, rupícola y de ribera, en el que se pueden observar especies de flora y fauna especializadas en cortados, donde hay grandes poblaciones de grajillas. Las oquedades del terreno son aprovechadas por especies como el cernícalo, buho real, mochuelo, palomas bravia y lechuza. Otras especies que habitan la Peña de Castril son: el sapo comun, ardilla, culebra ciega, culebra de escalera, etc. La cercanía del casco urbano impide que los roquedos sean ocupados por otras especies que sí viven en la sierra de Castril y el valle del río, como halcones peregrinos, buitres e incluso quebrantahuesos, ahora reintroducidos y que hace décadas volaban sobre la sierra y la peña.

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